Hay recetas que se preparan siguiendo unas instrucciones y hay otras que, además, llevan consigo una historia.

Esta receta es de las segundas.

Hoy quiero compartir con vosotros una elaboración muy especial que me ha enseñado Ricarda, una señora natural de La Pesga, en el entorno de Las Hurdes, aunque actualmente reside en Alagón del Río.

Ella me contó cómo se preparaban estos cortadillos antiguamente y me regaló algo que para mí tiene muchísimo valor: su receta, tal y como la ha aprendido y conservado durante años.

Una receta sencilla, humilde y pensada para aprovechar al máximo los ingredientes que había en casa. En ella, la leche tiene un papel muy especial, ya que permite incorporar más harina y conseguir una cantidad generosa de masa. Así, con ingredientes sencillos, se podía preparar una gran bandeja de bizcocho para después cortar en porciones y compartir.

Y hay otro detalle que me encanta: aquí no necesitamos báscula.

La medida es el vaso.

Un vaso de los de toda la vida, de esos que forman parte de tantas cocinas y que nos recuerdan que nuestras abuelas no necesitaban pesar cada ingrediente para saber que una receta iba a salir bien.

Esta es la receta de Ricarda y así la he preparado yo, respetando su manera de hacerla.

Ingredientes

  • 6 huevos
  • 3 vasos de harina
  • 2 vasos de azúcar
  • 1 vaso de leche
  • 1 vaso de aceite de oliva suave
  • 1 sobre de levadura
  • 1 sobre de gasificante

Elaboración

Batimos los huevos y el azúcar

Comenzamos poniendo los huevos y el azúcar en un bol grande o barreño.

Batimos enérgicamente hasta conseguir una mezcla bien espumosa y de un color más claro. Este paso es importante porque al incorporar aire ayudaremos a conseguir un bizcocho muy esponjoso.

Si lo hacemos a mano, toca darle un poquito al brazo, pero también forma parte del encanto de estas recetas tradicionales.

Incorporamos la harina

Vamos añadiendo poco a poco la harina mientras seguimos mezclando.

Incorporamos también la levadura y el gasificante y continuamos removiendo hasta que todos los ingredientes queden bien integrados.

Es mejor añadir la harina progresivamente para que la mezcla se vaya trabajando con facilidad.

Añadimos la leche y el aceite

Ahora llega uno de los detalles más característicos de esta receta.

Añadimos poco a poco el vaso de leche mientras seguimos mezclando.

Después incorporamos el aceite de oliva suave y continuamos mezclando hasta conseguir una masa uniforme.

La textura que buscamos es cremosa y densa, pero con suficiente fluidez para que pueda caer fácilmente de la cuchara.

La leche permite trabajar una cantidad generosa de harina y conseguir una buena cantidad de masa.

Preparamos la bandeja

Tradicionalmente, este tipo de elaboraciones se preparaban en una bandeja grande, aprovechando al máximo la masa.

Forramos una bandeja honda de horno con papel de hornear y vertemos toda la mezcla.

Extendemos bien la masa para que quede repartida de manera uniforme.

Horneamos

Precalentamos el horno a 180 ºC, con calor arriba y abajo.

Introducimos la bandeja a media altura y dejamos que se hornee durante unos 40 minutos, aproximadamente.

El tiempo puede variar ligeramente dependiendo de cada horno.

Sabremos que está listo cuando la superficie esté dorada y, al pinchar el centro con un cuchillo o una brocheta, esta salga limpia.

Cortamos los cortadillos

Una vez fuera del horno, dejamos que el bizcocho se temple un poco dentro de la bandeja.

Cuando haya enfriado lo suficiente, utilizamos un cuchillo largo y afilado para hacer cortes verticales y después horizontales, formando una cuadrícula.

Y así obtenemos nuestros cortadillos: pequeños cuadrados de bizcocho, tiernos, esponjosos y perfectos para compartir.

La receta de Ricarda

Existen diferentes versiones de este tipo de bizcocho tradicional. Algunas incorporan ralladura de limón y otras terminan con una ligera capa de azúcar glas.

Pero esta vez he querido mantenerme fiel a la receta que me ha transmitido Ricarda.

Porque cuando alguien comparte contigo una receta que ha formado parte de su historia, creo que lo más bonito es respetarla tal y como te la han contado.

Esta receta me ha recordado algo que me gusta mucho de la cocina tradicional extremeña: que detrás de cada plato, de cada dulce y de cada forma de cocinar hay personas, recuerdos, familias y maneras de vivir que merecen ser conservadas.

Por eso, hoy no solo hemos preparado unos cortadillos.

Hoy hemos cocinado, pero también hemos contado una historia.

Gracias, Ricarda, por compartir la tuya conmigo.

Y ahora quiero conocer la vuestra.

¿Hay alguna receta de vuestra familia que haya pasado de generación en generación?

Contádmela. ❤️